sábado, 6 de diciembre de 2014

La búsqueda de justicia tras la confirmación de una masacre


Hoy se confirmo la identidad de uno de los normalistas desaparecidos en Iguala. Alexander Mora, alumno del primer año de la Normal de Ayotzinapa fue secuestrado, torturado, calcinado, triturado y sus restos dispersados en un afán de borrarlo del mundo para siempre. Su identificación da certeza sobre la masacre que ocurrió en Guerrero. Aun en espera de información mas completa desde el laboratorio donde se trabaja en la identificación. Este hecho debe reforzar la búsqueda de justicia y la lucha por la transformación social desde este piso de dolor desde donde partimos.

Nuestro racismo latente nos ha llevado a considerar que los hechos de crueldad extrema son cosas de otras latitudes, nos refugiábamos en señalar a Colombia, Somalía, Siria o Afganistán como los infiernos inaceptables donde todo era malo. Nos construimos historias de horror inverificables para refugiarnos de que la violencia y el horror estaban aquí mismo. Pero la confirmación de que en el basurero de Cocula fueron torturados, ejecutados, calcinados y triturados los normalistas de Ayotzinapa nos tiene que devolver a la realidad, el horror esta aquí y lo construimos como sociedad enferma. Nosotros somos los creadores de todo lo bueno o todo lo malo que vemos aquí. Podemos odiar a los chinos, a los árabes, a los judíos o a los negros. Por eso mismo el problema seguimos siendo nosotros.

No hicieron falta grandes discursos, sino delincuentes comunes con la impunidad de estar del lado de los criminales políticos para que el mundo regresara a ver en tierras mexicanas el horror que no se veía desde los infames tiempos del nazismo en Europa. Aquí la razón no fue étnica. Las victimas y los asesinos provienen de las mismas comunidades. Aquí la razón fue política, el alcalde asesino y su esposa, como dupla de poder despótico decidieron borrar de la faz de la tierra a quienes consideraban inaceptables en su feudo dictatorial.

Tanto los normalistas como sus sus asesinos son el fruto de lo que es México. El caso de la Normal Rural de Ayotzinapa es paradigmatico de un oasis cultural y de desarrollo en medio de la marginación donde las únicas vías de bienestar económico son criminales, ya sea por la política partidista, ya sea por el crimen organizado. O como ya vimos, en la simbiosis de ambas cosas.

Los egresados de Ayotzinapa como el resto de los maestros comprometidos con las causas sociales tienen la responsabilidad de ser un contrapeso para que la sociedad en si misma no se desmorone por la presión de todo lo negativo que la integra.
Y el peso es enorme, los alumnos de las escuelas en Guerrero salen a la calle y ven lo que todos: La impunidad de quienes desde la politica partidista hacen negocios ilegales y viven impunes; el poder dictatorial y asesino de quienes hacen de terratenientes del narco. Criminales que determinan la vida, el trabajo, la cultura y la sobrevivencia en la región. ¿Como poner de contrapeso a eso el trabajo y el conocimiento?, si las dos cosas por si mismas son la vía a la miseria en este entorno roto.

Ya habíamos tenido que enfrentar como sociedad el hecho de que producimos criminales de todo tipo que en su afán de ganancia son capaces de ejercer un capitalismo desnudado de criterios de moralidad. El narcotrafico asesino es el capitalismo sin reglas. Aquí no hay competencia, hay guerra y quienes estorben morirán. Ese anatema se extiende mas allá del trafico de drogas a todo despojo organizado de riqueza. No hay comunidades, espacios o culturas que valgan.

Cuando paso, cuando brevemente reconocimos que somos tanto un espacio de esperanzas como un nido de asesinos. Fue tras la acción de Javier Sicilia de llevar el dolor que había sido solo de los deudos a todos. Cuando compartió el dolor y la indignación con la sociedad. En ese momento, tras un breve levantamiento de indignación colectiva vimos como la clase política ignoro todo eso por no estar en el calendario electoral. Cambiaron el tema y siguieron adelante en el ejercicio de autosatisfacción y reparto de cargos. Quienes en su estupidez decidieron que en esa clase política que ignoro todo el dolor de una sociedad rota estaba la esperanza a algo, pueden hoy confirmar sin dudas que se equivocaron al apostar ahí su futuro. Hay no queda nada sino criminales.
Estado de los restos óseos encontrados en el basurero 
hoyo de papayo en Cocula y la vera del Rio San Juan. 


Queda la pregunta de si exigir justicia o ejercer justicia, en ambos casos la duda es como podemos hacer eso. Exigir a un gobierno conformado por aliados o integrantes del crimen organizado. O ejercer justicia de algún modo -a pesar de, y en contra- ese gobierno. De cualquier modo los alcances dependen de que sea capaz de lograr la sociedad organizada en independencia de la clase política y en contra del capitalismo asesino de los criminales.

En que puede consistir la justicia en este momento?, las renuncias no cambian la naturaleza de las instituciones, solo a sus emisarios. Todos los partidos han demostrado su participación en el crimen y el despojo, ademas de su indolencia ante la tragedia.
Las iniciativas de política desde la sociedad se crean y se dispersan con la misma velocidad, los discursos del pasado se reciclan y se plantan en el autoritarismo de pensarse como la única vía.
La complejidad de esta sociedad es su esperanza, pero esa esperanza necesita construirse en hechos de organización de ese vía alternativa a todo.




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